CARTA A NAOMI
Ahí quedó, mi catacumba. ¿Estaba abandonado? No lo recuerdo. Junto a mí había un terreno baldío, en ruinas, y alguien sacaba chispas, algún obrero que ayudaba a remodelar. Aquello fue un jueves, el día que escribí la carta.
También perdura cierto encanto en esta región citadina y turistera. Se convirtió, rápidamente, en el centro de reunión con mi novio, soldado anónimo--y cuya locación tengo expresamente prohibido revelar--y entregado. Me esperaba ahí, a un costado de Bellas Artes, frente al teatro Hidalgo, mientras yo corría entre túneles y risas desencajadas esperando alcanzarlo, ante el temor de que se desesperara y se fuera de pinta (¿y qué le quedaba al pobre, regresarse a su cuartel?).
--Camina hacia la derecha.
--Ya, ya caminé. ¿Ahora que hago?
--Ya te vi. Quédate quieto, detrás de la fuente. No hagas ningún movimiento en falso porque te sigo de cerca.
--Está bien. ¿Qué llevas puesto?
Y aparecía detrás de mí, con una gorra o tremendos lentos de sol, hasta que nos apostábamos en
Y volviendo a la carta...
Éste es mi nuevo recinto. Bueno, nuevo no. Hará tres años que lo estrené, o casi cuatro. Me parece innecesario estar cambie y cambie de blog. Hay gente que lo hace, y a veces uno se siente protagonista de una especie de reality show en el que hay que hacer propaganda a la nueva temporada.
Pero aquí estoy bien, auqnue consciente de que uno se hace de un nutrido grupo de lectores con la constancia del reporteo, no escribiendo notas al azar, y siempre hablando de temas de cultura popular como lo son: Guanajuato gay, el hijo de Chucky, Deborah Harry, travestismo en México... Tan sólo con estos cuatro tópicos, que ni acaso vienen con el relato, algún incauto vendrá a dar por estos lares y toparse con la fotografía de la mano de su servidor, escribiendo la dirección de una querido lectora con la que he ido perdiendo contacto. Pero una amiga verdadera, al fin y al cabo.
Me deleita subrayar que es una mano izquierda, zurda, justa. ¿Endiablada, acaso? No, no lo creo.
Siempre es emocionante conocer a otras personas zurdas. Mis familiares y amigos opinan lo mismo. Mi hermana me lo ha dicho:
--¡Y es zurda, como tu, hermano!
O Luis:
--Zurda como tú, amigocha.
Y en fin, lo mismo pasa cuando te topas con fans del cine de horror (¿Ya viste tal o cual de 1962, 1984, 1996?) y algunos otros, menos numerosos, fanáticos de Blondie (A ver... ¿tu canción favorita del Eat To The Beat es...).
Luego de echar la carta al buzón--en realidad lo hizo la señora de los postales, porque ni eso sé hacer... el msn, más que el e-mail, nos ha inutilizado, si bien el ya clásico comadreo teléfonico de horas y horas está lejos de pasar de moda--caminé al metro, hacia el trabajo de mi amigo Ricardo.
Me sentía extrañamente cansado, probable consecuencia de la borrachera del sábado, aunque ya era martes, y me dolían las piernas. Apenas hoy empiezo a sentirme bien, aunque acalorado, lo cual remedio con paletas de hielo de kiwi y de piña colada, mi nueva adicción (mención honorífica a la marca Solero, y también a las Chemisse. Para chuparse los dedos).
El chavo tardó horas en salir, y había un sillón en el pasillo entre los dos pisos. Tomé mi iPod, puse This Must Be The Place (Naive Melody) del Speaking In Tongues de los Talking Heads y me quedé dormido.
Sufrí un ataque de vergüenza cuando uno de los compañeros de mi amigo bajó a abrir la puerta y entraron los demás compañeros. Apenas me dio tiempo de desacostarme pero seguí durmiéndome y otdos ya se habían dado cuenta. En el camino Ricardo me contó:--Mi compañero me preguntó: ¿Viene a verte un chavo para entrevista? Es que ya se quedó dormido.
--Qué pena.
Y Guanajuato, allá vamos. Quién sabe qué veremos o sentiremos, si será largo el viaje, breve, inolvidable. Claro que voy por mis amigas las momias, pero también me empecé a enamoras de las calles y callejones, las cafeterías, el hecho mismo de desplazarse de una ciudad a otra, salir de un mismo ambiente, entrar a otro ecosistema o como demonios pueda llamársele.
Sólo sé que me quiero mover. Estuve checando varios lugares en internet y realmente estaremos muy ocupados. Se me hace muy poco el tiempo de visita. Contento y emocionado. Ahora debo bañarme y preparar la maleta.
El chavo y sus compinches salían de trabajar. Yo empezaba a desperezarme, con los ojos aún legañosos luego de la siesta prolongada. Lo primero que se me ocurrió fue sacar la cámara y capturarlos. Momentos antes había pasado un camión de carga, y me pareció misteriosamente poético.


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