MUCHA LUCHA
A principios de mes tuve el placer de enterarme de un ciclo de cine de lucha en el Cinematógrafo del Chopo. También hubo una proyección en la Sala José Revueltas, donde nos mostraron avances de cine de videohomes recientes con el tema de luchadores (aunque en la línea de Luchadores VS Mafiosos... me gusta más la fórmula de monstruos y ciencia ficción), un fragmento de Neutrón doblado al francés (!) que data de principios de los sesenta, Atlantis como invitado en homenaje a sus 25 años de carrera (el pobre no podía ni caminar entre tanta gente, y no le tomé ninguna foto, me pareció poco sensual) y, por supuesto, la proyección de El Ladrón De Cadáveres.
Pero todos se creían más listos que la película y, no obstante, hubo varios desprevenidos que se sobresaltaron con los incidentes más obvios (una mano peluda saliendo de la nada, un golpe inesperado).
Las peleas estaban llenas de acción, y hacia el final me pareció sorprendente como dos películas se fusionaban en una sola: Frankenstein y King Kong en la Ciudad de México. Y Wolf Rubinski es un bizcocho, amén de los galanes morenos y achaparrados que presenta la película (hay que culpar a los trajes de antes, si bien las divas--en este caso la secretaria-- azabache eran curvadas y frondosas , lo que explica porque las mexicanas eran vistas como bellezas exóticas).
Al final de la proyección hubo un aplauso del público, y hasta lágrimas.
El programa empezó con un documental sobre la luchadora Irma González (Irma González: Madre de todas las reinas, o algo así). Excelente apreciación de una figura popular olvidada. La señora tiene tanta gracia que dan ganas de irla a visitar para platicar con ella. Excelente trabajo (olvidé el nombre del director, estudiante del CCC o algo así) mque nadie debe perderse, aún si no se es fan de las luchas.
La última que vi fue Las Momias De Guanajuato, y debo aclarar que fue la mejor de todas las funciones porque ¡estaba en color!
Y aunque se ha tratado de repetir las fòrmulas, tienen un extraño tufo a que se hace muy conscientemente, los mismos realizadores contemporáneos del nuevo cine de lucha lo hacen de manera condescendiente, a sabiendas de su estatus kistch y de culto. Hace falta alguien que lo haga con gracia, con desenfado, y que, por un momento, crea en lo que está haciendo.


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